El pasado día 5 de marzo disfrutamos en la Colmena de  una nueva sesión pedagógica con María Ramos, psicóloga, formada en pedagogía Waldorf y colaboradora de la asociación, de nuevo tratando los sentidos básicos.

Empezamos la tarde preguntándonos  ¿qué es un sentido? y repasando la anterior sesión en la que tratamos el sentido Vital. ¿Qué es el sentido vital? Lanzaba las preguntas, María, para que los papás y las mamás tiráramos de libreta de apuntes o de sentido común para dar respuestas. Para la primera puede servir que es la percepción que se tiene de uno mismo y con el exterior. O atendiendo a lo que escribió Steiner:

¨sentido¨ es una facultad perceptiva a través de la cual, y sin valernos de nuestro intelecto, recibimos información inmediata de un determinado ámbito de nuestra existencia y entorno vital.

Aunque los doce sentidos que planteo forman un todo, los dividimos en sentidos básicos, medios y superiores para el estructurar el estudio y las relaciones entre ellos.

Sentidos básicos son: Sentido del Tacto, vital, equilibrio y del movimiento

Sentidos medios son: Sentido del gusto, olfato, vista y sentido del calor.

Sentidos superiores son: Sentido del oído, verbal, del pensamiento,  sentido del yo propio y el yo ajeno.

Con esta información podemos decir que los primeros nos dan la percepción de nosotros mismos, los segundos, la percepción del exterior y los terceros la relación de nosotros  con el exterior.

A la pregunta de ¿qué es el sentido vital?, sencillamente podemos decir que es el medidor de si “estamos bien o no” y las cuestiones que influyen en él van desde la importancia de los ritmos, pues es lo que nos da predictibilidad de que algo va a suceder, lo que nos da tranquilidad y seguridad, hasta el descanso adecuado, el no tener exceso de estímulos, ruido, el buen ambiente en casa, etc. El sentido vital esta directamente relacionado con el sentido del pensamiento, cosa que se puede explicar tan solo remitiéndonos a cuando tenemos hambre o sueño o mal humor, si somos capaces o no de pensar con claridad. Evidentemente no, es por esto que María insiste  en que en los primero años es importantísimo cuidar el sentido vital, estableciendo los límites a la hora de dormir comer, etc. El sueño, la alimentación y el ritmo son tan básicos para la buena salud, como este sentido.

Pasamos al sentido del tacto.

La piel, el sentido del tacto se extiende por toda nuestra piel, es la primera o la última capa, el “aquí estoy yo” o “hasta aquí soy yo” nos lo dice este órgano. Texturas, formas, temperaturas, son informaciones que nos da el sentido del tacto, para procesarlas. Si pongo la mano en la vela, enseguida la quito para no quemarme, o la textura de un abrazo, ¿qué información mandamos abrazando a nuestros pequeños? ¿Qué información de calor, amor, textura se recibe de un abrazo sincero? Aquí, imagino que podríamos escribir un tratado de la buena salud.

El sentido del tacto es importantísimo cuidarlo en los primeros años, pues es uno de los sentidos que ayudan a establecer los límites, lo que escribíamos antes, el “aquí estoy yo”. Un niño y una niña con un sentido del tacto sano, tendrá asentados sus límites, pero no solamente estos que podemos fijar con normas y horarios sino los que establece el propio cuerpo, los que aprenden a delimitar con el juego libre, con el movimiento, y que llegue a ser una persona que “sabe estar” situada en cada momento, estar en su sitio, “tener tacto”. María recordó esta frase tan común que se dice de alguien que “no tiene tacto”, digamos que es alguien que no sabe medir las situaciones y actúa en consecuencia.

¿qué es el exceso de tacto? Pegar, pegar es el exceso de tacto.

Hemos de ayudar todo lo posible para que el niño y la niña tome conciencia de su piel, para pueda desarrollar una nítida imagen de su cuerpo. Necesitarán sentirse envueltos una y otra vez por la delicada firmeza de las manos maternas o paternas para poder percibirse a sí mismo dentro de su individualidad física y su delimitación, pero también para vivir que el ser tocado puede dar seguridad y proximidad a la vez. También les hemos de brindar  la posibilidad de tocar elementos naturales, jugar con tierra, agua, arena, experimentar con los objetos y enseñarles a ser cuidadosos y a valorarlos.

Como en toda reunión de madres y padres en torno al tema de la crianza surgieron preguntas de hasta el sexo de los ángeles y ante esta pregunta la imagen es la siguiente: María con la manos a la altura de la cabeza y las palmas hacia la palestra diciendo “Un momento” a un corralito animado por querer saber ¿qué? ¿cómo? y ¿cuándo? y ¿por qué? y lo de más allá, para explicar, con todo el sentido común, que la educación de los que vienen empieza por la autoeducación y que para cuidar que los sentidos de nuestro amados seres se desarrollen sanos y fuertes, los nuestros han de estar cuidados y atendidos también en consecuencia, y las preguntas que nos podemos hacer al respecto, es posible que sepamos contestarlas si atendemos a nuestras propias necesidades, a nuestros sentidos.

Y con la miel en los labios se quedan las abejas de La Colmena esperando la siguiente charla con María Ramos. Todo un placer para los sentidos